Amigos do sendeiro GR 94
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GR 94 Etapa 2 - Redondela-Soutomaior

Los dominios de Pedro Madruga

Dejamos la patria de Xan Carallás y por consiguiente la tranquilidad y sosiego que transmite la ensenada de San Simón y su solitaria isla, para caminar por caminos con belicosos antecedentes, son las tierras de D. Pedro Madruga. Los dominios de Pedro Álvarez de Soutomaior conservan aun muchos vestigios artísticos da época medieval, siendo su mayor exponente el Castillo de Soutomaior, símbolo del poder y dominios de la nobleza gallega. Los primeros datos de esta fortaleza se retrotraen al siglo XI y mas tarde, en el siglo XV sufrió ampliaciones y reformas, siendo finalmente reconstruido en los siglos XVIII, XIX y XX. Conserva, como valores artísticos a destacar, puertas antiguas, el puente levadizo y torres de defensa de planta rectangular.

Desde el puente medieval de Comboa, sobre el río Verdugo, podremos ver aún el efecto de las mareas y la salinidad de estas aguas plagadas de bandadas de mujeles, perfectamente adaptados en este entorno medio dulce, medio salado.

Hay un dicho, lleno de sabiduría, que dice que cuando un gallego compra un terreno, lo primero que hace es cerrarlo con un muro, es sin duda una forma inequívoca de delimitar la propiedad, siempre plural y divisible hasta extremos insospechados; siempre en equilibrio y estables, geométricamente irregulares, escapan a cualquier intento del tiralíneas y se acomodan a los límites de manera singular.

 Cuadras, hórreos y molinos, forman un conjunto de elementos inevitables en la vida gallega. Cuadras y hórreos sirven para proteger y almacenar gran parte de las economías rurales, pues ganado y grano son el valor añadido de un trabajo nunca justamente remunerado. El molino ha de transformar en materia utilizable el producto de la tierra. Y en todos ellos, la piedra; siempre la piedra como elemento común e indispensable.